El país de los pranes

Alguien se habrá preguntado, seguramente, por qué un pequeño ejército con poder de fuego suficiente como para abrirse paso a plomo limpio hacia la libertad, prefiere vivir y morir cautivo en un infierno donde reinan el hacinamiento, la promiscuidad y el crimen. La respuesta no parece sencilla, pero lo es: porque en ninguna parte, más allá de los muros de la prisión, podrá alimentar el sistema que ha hecho de las cárceles venezolanas auténticos microcosmos, países en miniatura gobernados por organizaciones que hacen las veces del Estado, imponen sus propias leyes y crean un modelo donde desde el lugar que ocupas, hasta el baño que utilizas y no se diga la sobrevivencia, tienen un precio estipulado. Link

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