Cada media hora, una persona es asesinada en Venezuela. La presencia del crimen organizado, junto con un número exorbitante de armas de fuego en manos de civiles, la impunidad, así como la corrupción y la fuerza excesiva por parte de la policía han afianzado la violencia en la sociedad. Aunque estos problemas no comenzaron con el presidente Hugo Chávez, su gobierno tiene que responder por su ambigüedad frente a varios grupos armados, su incapacidad o falta de voluntad para hacer frente a la corrupción y a la complicidad delictiva en sectores de las fuerzas de seguridad, su política de armar a los civiles “en defensa de la revolución” y – por último, pero no por ello menos importante – la propia retórica incendiaria del presidente. Las medidas positivas como la interacción constructiva con Colombia al igual que algunas reformas limitadas en materia de seguridad no subsanan estas fallas. Si bien la expectativa que hay en torno a las elecciones presidenciales de 2012 podría aplazar la explosión social, el deterioro del estado de la salud del presidente ha aumentado la incertidumbre. En cualquier caso, el grado de polarización y militarización en la sociedad probablemente minará las posibilidades tanto de una continuación no violenta del régimen actual como de una transición pacífica a una era posChávez. Link


